Ciudad de México / Uruapan, Michoacán — 3 de noviembre de 2025
La organización Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) condenó de manera contundente el asesinato del alcalde de Uruapan, estatal de Michoacán, Carlos Alberto Manzo Rodríguez, ocurrido el pasado 1 de noviembre durante la celebración del Día de Muertos en la plaza principal del municipio.
El crimen y su contexto
El edil fue atacado “a quemarropa” por un hombre armado en un acto público, falleciendo minutos después del impacto del disparo. Manzo había denunciado anteriormente la presencia de grupos del crimen organizado en la región y solicitó apoyo tanto a la presidenta Claudia Sheinbaum como al secretario de Seguridad Omar García HarFuch para contener la violencia.
El gabinete de seguridad informó que el alcalde contaba con protección asignada desde diciembre de 2024, aunque se detectó que los agresores “aprovecharon un evento público para atacar”.
Reacción de la Iglesia Católica
En su comunicado, la CEM destacó que no basta con la aprehensión de los autores materiales: “hoy ya no basta con aprehender al asesino: hay que combatir con determinación la causa de todos estos asesinatos”.
También manifestó su preocupación por la proliferación de “grupos armados que controlan la vida pública”, señalando los retenes en carreteras, el despojo de tierras, amenazas a productores y comerciantes como muestras de un “grave debilitamiento del orden constitucional” en varias regiones del país.
Finalmente, la Iglesia expresó su cercanía con las personas que “en medio de contextos marcados por la violencia, permanecen fieles a su misión de anunciar el Evangelio” y pidió la intercesión de la Virgen de Guadalupe para que “guíe nuestros corazones e interceda por nosotros para que juntos alcancemos la paz, la libertad y el desarrollo que nuestro México merece”.
Impacto y repercusiones
Este asesinato se suma al de otros individuos vinculados al sector agrícola y social en Michoacán, y refuerza las alertas sobre la necesidad de que las autoridades actúen con mayor estrategia y profundidad en la erradicación de las redes criminales que operan con impunidad.
La exigencia de justicia por parte de la Iglesia busca incidir en una respuesta más integral por parte del Estado: no solo detener al asesino, sino desmantelar las estructuras de violencia que permiten estos hechos.




















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